CHÂTEAU PETRUS

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CURIOSIDADES - CATA VERTICAL

No es un vino de los que se prueben todos los días, y mucho menos normal es tener la oportunidad de catar siete añadas diferentes. Gracias a la generosidad de unos buenos amigos, se reunió en Madrid un grupo de buenos aficionados, enólogos y periodistas especializados para catar vinos de la bodega, desde 1987 a 1997. Se cataron las añadas 87, 89, 92, 94, 95, 96 y 97. A ciegas, y con el añadido de dos californianos de los más bordeleses, Dominus 96 (también de Moueix) y Opus One 95 (de los Rothschild y Mondavi), fue un ejercicio sumamente interesante.


Como suele suceder, la cata ciega proporciona algunas sorpresas, al eliminar la sugestión de conocer la añada o la etiqueta de lo que se está catando. En general podemos decir que los vinos tienen un carácter poco expresivo inicialmente, que necesitan varias horas de decantación, mostrando en la nariz notas especiadas, de clavo y canela, en la boca un gran cuerpo (algunos años, como el 95, con una carga tánica brutal) y unos característicos anisados. El vino, como es lógico, cambia en la copa a cada momento, y una característica que nos pareció era como que el vino "iba y venía", se abría y se cerraba, se volvía a abrir, pero mostrándose de forma diferente... vinos por momentos esquivos pero de precisa definición en la boca con opulencia de fruta roja y tanino de seda.


Interesante fue también la comprobación de que los vinos de Petrus no precisan una larga guarda en botella para desenvolverse suntuosos y pletóricos en su juventud; la mayor parte de los catadores alabó esta accesibilidad de los vinos y su indudable armonía.


Como resumen podemos decir que llamó la atención que algunas de las añadas "menores", quedaron muy bien situadas: excelente el 97 (¡mejor que el 96!), el 94 (casi, casi al nivel del 95). Más flojo fue el 92, aunque varios catadores apreciaron su armonía y accesibilidad, y más aún el 87, reflejando la dificultad de una añada en la que la maduración de las uvas fue menos que perfecta... Las estrellas, el 89, ya desarrollado y mostrando lo que tiene que dar (que es mucho), y el 95, bastante cerrado y evolucionando muy lentamente en la copa, el que más tiempo tarda en despejar los olores de reducción, y en ir abriéndose, señal de que su vida en botella será larga.


Lo peor, la decepción en las cosechas del 87 y el 96. De la primera añada no se esperaba sino que el vino "cumpliera", y lo hizo a medias, porque si bien al principio este 87 mostraba una interesante nariz con notas trufadas y cierta gracia en la boca, en unos minutos apareció un ligero verdor y un punzante carácter herbáceo que descompensaba la estructura del vino. Del Petrus 96 -sólo 1.800 cajas comercializadas- se esperaba bastante más si nos atenemos a un año que fue considerado como bueno y en el que pese a llover bastante en julio y agosto, la estabilidad atmosférica de las primeras semanas de septiembre salvó la vendimia. Los 93 puntos otorgados por Parker a este 96 son sin duda excesivos y los calificativos de "denso, tánico y largo", no se atienen a lo percibido: un vino sencillo al que le falta amplitud y estructura, con una acidez bastante marcada y escasamente arropada de taninos maduros.


Es desconcertante que el Petrus 97, una añada decepcionante en calidad con precios absurdamente caros y un tiempo muy variable y loco que en nada ayudó a la completa madurez de las uvas, diese un buen rapapolvo al 96, desplegando más fruta, más carácter mineral, más finura y más hechuras de vino. Un buen Petrus, muy por encima de la añada


El teóricamente más flojo Petrus que se iba a catar, el 92, sorprendió. En esta añada, un verano húmedo y lluvioso con apenas calor arruinó una de las cosechas más desastrosas de la historia de Burdeos, con abundancia de vinos diluidos. En Petrus elaboraron algo menos de 36.000 botellas y la verdad que el vino cumple con mucha dignidad; está para tomar ya y tiene unas encantadoras y elegantes notas animales en nariz, que se completan con una boca sabrosa y un tanino maduro y pulido. No obstante, saber que una botella cuesta alrededor de los 1.000 Euros apaciguó el entusiasmo de algunos catadores.